Los jefes completamente huérfanos de dotes de liderazgo están lamentablemente a la orden del día en el trabajo para desgracia de los empleados que tienen que soportar la incompetencia que corre a raudales por sus venas.

Quienes tienen que vérselas con un jefe rematadamente malo optan en ocasiones por callar para evitar represalias, potencialmente gravísimas, por parte de sus (perversos) superiores.

Sin embargo, por muy horrible y aterrador que sea que el jefe con el que tenemos que trabajar a diario, siempre podemos algo para plantar cara a sus malignas artimañas.

A continuación, de la mano de Weforum.org, recogemos 4 tipos (extraordinariamente comunes) de malos jefes y cómo lidiar con ellos:

1. El jefe narcisista

Este tipo de jefe está más preocupado por el “autobombo” que por sus propios empleados. Lo único que quiere el jefe narcisista es que le regalen los oídos diciéndole lo maravilloso que es. Y rara vez solicita “feeback” a las personas a su cargo porque está convencido de que todo lo hace bien y de que no hay ningún problema en su equipo. Los jefes narcisistas están dispuestos además a llevarse todo el mérito cuando algo sale bien y a posar su dedo acusador en otras personas cuando las cosas se tuercen.

La estrategia más adecuada para tratar a los superiores narcisistas es trabajar duro (tarde o temprano nuestros esfuerzos saldrán a la luz) y tomarnos la molestia de agradecerles constantemente su ayuda y sus consejos. Es importante asimismo mantener informado a los jefes narcisistas de todos y cada uno de nuestros avances en las tareas asignadas.

2. El jefe desaparecido en combate

Aunque juran y perjuran que el desarrollo profesional de sus empleados les preocupa hondamente, lo cierto es que los jefes desaparecidos en combate no proporcionan ningún tipo de “feedback” a sus subordinados y rara vez responden preguntas. Además, cuando se avienen a responder alguna cuestión, sus respuestas son extraordinariamente sucintas y vacías de contenido.

Enfrentados a un jefe desaparecido en combate (ya sea porque está permanentemente reunido o porque prefiere jugar al golf), nuestro deber es seguir trabajando duro y alentar la comunicación verdaderamente fluida entre los diferentes miembros de nuestro equipo de trabajo.

Aunque la falta de dirección puede resultar muy frustrante, también nos proporciona la oportunidad de tomar decisiones con autonomía y sin la presión del temido “micromanaging”.

3. El jefe mejor amigo

A los jefes que se precian de ser los mejores amigos de sus empleados les gusta que sus subordinados les amen con todo su corazón. Este tipo de superior trata a sus trabajadores como si fueran sus colegas, pero este tipo de proceder (excesivamente afable) tiene también su parte negativa porque a veces, metido completamente en su rol de mejor amigo, el jefe se olvida de criticar (de manera constructiva) las labores de las personas a su cargo y no es capaz de poner límites.

Para batallar con un jefe de este tipo, hay que tomar la iniciativa, solicitarle abiertamente su “feedback” y sacar todo su jugo a su “buen rollo” (cuando nos invita, por ejemplo, a tomar parte en una reunión con un cliente muy importante) a fin de aprender y crecer profesionalmente.

4. El jefe torbellino

El jefe torbellino está constantemente de un lado a otro. Y la mayor parte de las veces tiene sólo un minuto para escuchar lo que tienen que decirle sus trabajadores. Como intentan abarcar demasiadas cosas a la vez, estos jefes encomiendan labores a sus empleados y después se olvidan de lo que han solicitado previamente a sus subordinados (a los que “roban” literalmente su tiempo). Quienes trabajan con este tipo de líderes están habitualmente sumidos en un auténtico caos.

Para trabajar con un jefe torbellino y no morir en el intento, debemos informarle regularmente de nuestros progresos y ponerle al día (de manera sucinta) del estado en que se encuentran los proyectos que tenemos adjudicados.

Aunque el caos que desprende por todos sus poros el jefe torbellino puede resultar agotador, lo mejor de este tipo de líder es que libera a las trabajadores de las garras del “micromanaging”, que es absolutamente insufrible para quienes tienen la desgracia de padecerlo.